
Parece que la industria automovilística se está volviendo un poco circense, ya que los fabricantes se apresuran a cumplir los plazos del mandato de los vehículos eléctricos que llegarán con la década de 2030.
Cada vez hay más vehículos con esta mecánica en el mercado, pero cada vez son más grandes, más caros y, desde luego, más tecnológicos. A esto se añade la carrera por el tamaño de las pantallas, que cada vez se imponen más.
La reducción de emisiones y la conciencia ecológica también adquiere cada vez mayor protagonismo, por lo que los coches del futuro tendrán un aspecto algo diferente a los actuales.
La seguridad también será primordial, pero la falta de infraestructura no permitirá la continuación de ciertos avances.
Sin monovolúmenes
Ahora hay menos modelos que nunca, e incluso los que hay están siendo diseñados para “parecer SUV”.
Con más CUV (Crossover Utility Vehicle) y SUV que pueden cargar tanto o más que los monovolúmenes, no veo que duren mucho más. Una prueba de esta tendencia es el nuevo Renault Espace, que ha abandonado toda una saga con ese tipo de carrocería.